Formas del desierto
Dos entrevistas a Clyo Mendoza y Valeria Luiselli
Si nos ponemos a pensar en alguna de las frases fundacionales de la literatura argentina, seguramente lleguemos muy rápido a decir «El mal que aqueja a la Argentina es la extensión», la apertura del Facundo de Domingo Faustino Sarmiento. Siete años después de la publicación de este libro, que todavía está en el terreno de la literatura, Alberdi escribe «Gobernar es poblar» en sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, solidificando una idea presente en la tradición literaria ya como un proyecto político: hay que tomar la Patagonia y tomarla implica avanzar por sobre toda una población índigena. Nuestro desierto imaginario sirve para justificar un genocidio, porque allá lejos, supuestamente, no había nada. Solo retazos de cuerpos marrones (y por ende, no humanos) que se mueven en masa y amenazan nuestra pura y civilizada blanquitud.
En la literatura mexicana el desierto también es importante. Sin irnos demasiado lejos, el primer cuento de El llano en llamas de Juan Rulfo abre con esta frase: «Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros». Rulfo construye un desierto impreciso, imposible de localizar realmente en un mapa, que funciona como una promesa trunca: un grupo de campesinos recibe del gobierno tierras imposibles de habitar o cultivar, a las que nunca terminan de llegar.
En México, el desierto también es territorio de violencia: cuerpos de mujeres enterrados en fosas comunes, sin nombre, y madres buscadoras que sin ningún apoyo del gobierno se dedican a rastrear y desenterrar los cuerpos de sus hijos desaparecidos.
Pero el desierto no es solo sinónimo de oscuridad. También es un territorio sagrado, de exploración interna y descubrimiento. Lo es para muchas culturas indígenas, pero también lo es para quienes crecimos bajo el ala de las religiones de Occidente: por ejemplo, para los que nos criaron católicos, es el lugar donde Jesús, como protagonista de los Nuevos Evangelios, pasa cuarenta días y noches en soledad rezando, pidiendo a Dios que lo salve de su destino, pero finalmente entendiendo ahí mismo que su muerte es necesaria para completar su arco heroico.
Todos estos desiertos aparecen en dos novelas que publicamos en la editorial, escritas por dos grandes autoras mexicanas: en Furia, de Clyo Mendoza, hombres y mujeres que descienden de un linaje maldito transitan este territorio azotado por una guerra difusa. El deseo y las nociones que tenemos de masculinidad, feminidad y pertenencia se ponen en tensión en el desierto de la autora, un lugar que para ella, como escritora, también es el espacio al que se retira para agradecer, pensar y escribir.
Sobre esto y varias cosas más habla en esta entrevista con Eugenia Zicavo para Modo Libro, en la que cuenta, entre otras cosas, que luego de un último recorrido por su desierto, Furia cambió de rumbo y final:
Este paisaje también es el protagonista de Desierto sonoro, de Valeria Luiselli. En este viaje a través de la aridez de Arizona, los hijos de una familia en derrumbe escuchan, por un lado, historias sobre el exterminio y el desplazamiento forzoso del pueblo Apache a territorios inhabitables, imposibles de cultivar, en regiones que la propia autora llama «campos de exterminio»; y por el otro, escuchan también historias de niños perdidos en el desierto, que cruzan la frontera en soledad y terminan a la merced de la policía migratoria estadounidense.
Al escribir Desierto sonoro, Luiselli entiende que ficcionalizar casos reales y componer una novela explícitamente política no le hace ningún bien a la realidad de estos chicos ni tampoco a su propia novela. Esa lucidez da como resultado esta obra que seguimos leyendo, recomendando y compartiendo desde que tuvimos el gusto de publicarla en el 2019. Sobre este proceso, pueden escuchar esta conferencia de la autora para «Aprendemos juntos Mex»:
Esperamos que disfruten esta pequeña lectura y estas dos entrevistas a autoras queridísimas de nuestro catálogo. ¡Nos vemos la próxima!


